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SIEMPRE ESTOY CONTIGO
(Mateo 28:20)
El mar se ahogaba en la arena
Y en la playa donde el indio andaba solo,
había dos pares de pisadas.
¿De quién será el otro par?, se preguntaba…
"El otro par son las mías",
le contestó Cristo,
"siempre estoy contigo".
El indio miró hacia atrás,
en el mar de su vida,
y, en efecto, vio que siempre había
dos pares de pisadas,
las suyas y las de Cristo…
Siempre… excepto en una ocasión:
Cuando la violencia sordomuda de la
prisión
había amarrado su vida
entre lágrimas de carbón.
"Aquí hay sólo un par de pisadas,"
le dijo el indito a Jesús.
"¿Dónde estabas tú entonces,
cuando más te necesitaba,
cuando mi alma y vida estaban desgarradas?"
"También estaba contigo"
le contestó Cristo…
"Ese solo par de pisadas eran las mías,
yo te llevaba en brazos,
cuando el aire temblaba en tu vida." |